black friday new york

Acabamos de decir adiós a unos días de locos descuentos y promociones sin ton ni son. El llamado Black Friday y su consanguíneo Ciber Monday se han colado en nuestra cultura consumista, importados directamente de los Estados Unidos. Pero lo que para los estadounidenses es ya toda una arraigada tradición después del Día de Acción de Gracias, aquí se trata de una moda relativamente nueva que aún no ha encontrado su sitio “correcto” en el mercado.

Estados Unidos es la cuna del Black Friday. Sus ofertas y promociones tienen su origen en la Filadelfia de los años 60 ante el deseo de los comercios minoristas de aumentar sus ventas durante las fiestas navideñas, aprovechando las aglomeraciones que se formaban en las calles después el Día de Acción de Gracias, día postulado ya como el primer día de las fiestas navideñas en EEUU.

Con los años esta comercial tradición se ha ido extendiendo por el mundo entero con la globalización y la expansión de las nuevas tecnologías. Aunque cada país ha adaptado el Black Friday como le ha parecido…

Y España se lleva la palma en lo que adaptaciones comerciales se refiere. Casi todas las empresas, pequeñas y grandes, de tecnología, viajes o seguros dentales se han sumado a la celebración de este día a lo grande. Con lo que no es raro ver des de potentes ofertas en productos tecnológicos, ropa o calzado a descuentos bancarios del 4,06% TAE en créditos preaprobados, descuentos del 15% en seguros de viaje o hasta 100€ en cheques regalo por la contratación de seguros de automóviles y hogar. Además, ya no solo se celebra el viernes, sino que se utiliza erróneamente el término Black Friday extendiendo las ofertas a lo largo de toda una semana haciendo coincidir el final de las promociones con el Cyber Monday como traca final.

Así pues, mientras que en EEUU los productos relacionados con la tecnología o la moda suelen ser los mas susceptibles a ser adquiridos a precios más asequibles durante las compras exclusivas del Black Friday, en España todo vale, y sea cual sea la naturaleza del producto se adapta para ser ofertado con suculentos descuentos o apetecibles promociones.

Tras años de seguir esta tradición des de la otra orilla del Atlántico, el año pasado decidí experimentar en primera persona la gran fiesta del consumo. Viajé a Nueva York el último fin de semana de noviembre y viví la locura del Black Friday en el icónico Macy’s. ¿La verdad? Es tal cual lo pintan en las televisiones, una auténtica psicosis consumista que se apodera de la gente para conseguir los mejores productos con los mejores descuentos. La fiesta es intensa pero dura 24 o 36 horas, (los grandes almacenes no cierran por la noche) y se centra sobretodo en artículos tecnológicos y moda. Un día en el que no solo ganan las grandes superficies sino también las tiendas más modestas que ven duplicadas e incluso triplicadas sus ventas en 1 solo día, dando valor a su origen en aquellos primeros años de la de década de los 60.
Se trata de vaciar la tienda de stocks para tener el cash necesario y volver a llenarla de nuevos productos al día siguiente. Está todo controlado y saben lo que el público quiere.

Pero aquí es otra cosa… nosotros no somos americanos.
Me refiero a que nuestra mentalidad consumista es distinta y no puedes plantear todos los timmings, tópicos y estrategias como si fuésemos de New York o Texas, porqué lógicamente, somos, actuamos y pensamos diferentes.
No digo que en EEUU se hagan descuentos fuera de lo común, seguro que también. Pero en España, en cierta clínica de cirugía estética, podías hacerte una rinoplastia con el 50% de descuento… lástima… se me pasó!

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